viernes, 23 de abril de 2010

Amores Cobardes

Todo comenzó aquella noche de abril en la que estaba paseando sin rumbo por las calles de Palencia. Allí me encontré con una persona que jamás olvidaría y que más tarde pasaría los mejores momentos de mi vida.
Era una chica espectacular y lo que más destacaba de ella era que través de sus ojos se podía sentir la tranquilidad del atardecer.
Pasaron los días y yo iba por las mismas calles intentando buscarla sin éxito, hasta el día que me la cruce y me arme de valor para preguntarle una dirección, pero no se lo que me ocurrió que enmudecí al verla.
Y con voz insegura le pregunté -¿Sabes dónde esta la calle Tour?- y ella me respondió – Voy cerca de esa calle si quieres te acompaño- y ahí comenzó toda nuestra amistad.
Sonia, que así se llama la chica tenía veintidós años la misma edad que yo, estaba estudiando la carrera de Derecho y tenía novio desde hace dos años. Cuando me dijo eso no sabia que hacer pensé en que ya había perdido todas mis posibilidades, pero después pensé quedaba la cosa más importante todavía mantener una amistad con ella.
Cuando llegamos a la calle que me guió me despedí intercambiándonos los números de teléfono.
Pasaron las semanas y no recibí señales de ella pensaba que se había olvidado de mí, que no le importaba nada. Hasta que un día inesperado sonó el teléfono y era ella, me dijo que se queríamos quedar esa misma tarde para tomar café y yo inmediatamente le contesté que sí.
Cuando nos encontramos en la cafetería estuvimos hablando más de tres horas contándonos historias de nuestra vida, me dijo que le había parecido un chico muy interesante y que le gustaría conocerme más. Yo no sabía que hacer así es que me despedí y me fui.
A los tres días de nuestro encuentro decidí llamarla y quedar por la tarde con ella para explicarle todo lo sucedido y todos mis sentimientos.
Sonia me comprendió porque se sentía igual que yo, pero ella con una presión más grande porque tenía pareja.
Nos estuvimos viendo a escondidas durante más de cinco meses hasta que decidí que no podía estar así, que tendría que dejar de verla por mucho daño que me hiciera y así fue.
En el último encuentro que tuvimos me despedí de ella para siempre y pensé que si que de verdad me hubiese querido habría dejado a su novio para estar conmigo.
Ahora con el tiempo me doy cuenta de que no existen amores imposibles, sino amantes cobardes.

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